La vulnerabilidad sísmica en buena parte del territorio mexicano ha incentivado el crecimiento de un nicho asegurador especializado. Aunque la mayoría de las pólizas de hogar no incluyen automáticamente la cobertura por terremotos, varias aseguradoras han desarrollado seguros antisísmicos que permiten a los propietarios blindar sus bienes inmuebles ante uno de los desastres naturales más destructivos en el país. En zonas de alta actividad telúrica como CDMX, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, esta protección puede ser determinante para la estabilidad financiera de una familia o empresa.
¿Cómo funcionan los seguros antisísmicos?
Estas pólizas operan bajo un esquema de cobertura por daños materiales derivados de movimientos telúricos. En general, el seguro antisísmico se ofrece como una cobertura adicional al seguro de vivienda o empresarial, y contempla desde grietas estructurales hasta pérdida total del inmueble. Algunas aseguradoras, como BBVA Seguros y GNP, permiten contratarla de manera opcional, ajustando el costo en función de la ubicación del bien asegurado y su tipo de construcción.
Los deducibles suelen oscilar entre el 1% y el 2% del valor asegurado, con porcentajes mayores en zonas de mayor riesgo sísmico. En consecuencia, la contratación de este tipo de seguros debe ir acompañada de un análisis técnico y financiero detallado, ya que el costo puede incrementarse sustancialmente en zonas propensas a sismos. Sin embargo, el beneficio de una recuperación económica efectiva ante un desastre supera por mucho el gasto anual de la prima.
Además de instituciones bancarias, empresas como Mapfre y AXA ofrecen seguros antisísmicos con coberturas que incluyen daños a contenidos, estructuras, instalaciones fijas y, en algunos casos, gastos por alojamiento temporal. La clave está en revisar con detenimiento las condiciones particulares de la póliza, especialmente exclusiones y límites de indemnización.
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