El avance de los fenómenos climáticos extremos ha puesto en evidencia una brecha creciente en la protección aseguradora a nivel internacional. Inundaciones, incendios forestales y tormentas severas generan pérdidas económicas que no siempre cuentan con respaldo financiero suficiente, especialmente entre hogares con menores ingresos.
En países con mercados aseguradores desarrollados, la cobertura no crece al mismo ritmo que el riesgo. El aumento del valor de los activos en zonas expuestas y la mayor frecuencia de eventos severos presionan al sistema. Como resultado, amplios sectores quedan parcial o totalmente desprotegidos frente a desastres climáticos.
Brecha de seguros climáticos y acceso a cobertura
La brecha de seguros climáticos afecta con mayor fuerza a comunidades vulnerables. Aunque algunas viviendas cuentan con pólizas, los deducibles elevados y las exclusiones limitan la recuperación tras un siniestro. En muchos casos, los costos de reparación superan la capacidad financiera de los hogares.
Además, las primas han aumentado de forma más acelerada en regiones de alto riesgo. Esto reduce el acceso a seguros precisamente donde la protección es más necesaria. La falta de productos adaptados y de esquemas accesibles profundiza la desigualdad tras un desastre.
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Las zonas rurales y comunidades marginadas enfrentan obstáculos adicionales. La oferta de seguros es limitada y los tiempos de respuesta suelen ser más largos. Esta combinación retrasa la recuperación económica y social después de eventos extremos.
Ante este escenario, gobiernos y aseguradoras analizan mecanismos como microseguros, subsidios focalizados y esquemas comunitarios. Estas soluciones buscan ampliar la cobertura sin comprometer la estabilidad financiera del sector.
La persistencia de esta brecha confirma que el riesgo climático no es solo ambiental, sino también financiero y social.