Sao Paulo vive uno de los mayores desafíos climáticos de la última década. La metrópoli brasileña, con más de 21 millones de habitantes, enfrenta simultáneamente una severa sequía y lluvias torrenciales que han provocado inundaciones mortales.
El nivel del sistema Cantareira, principal red de embalses que abastece hasta 9 millones de personas, ronda 32% de su capacidad. La cifra representa el nivel más bajo desde la crisis hídrica de 2014 y 2015. Al mismo tiempo, tormentas intensas han dejado víctimas fatales y daños urbanos en distintas zonas de la ciudad.
Especialistas atribuyen este escenario al cambio climático y a transformaciones en el uso del suelo. La deforestación reduce la evaporación natural que alimenta las lluvias, mientras el aumento de temperatura permite que la atmósfera retenga más humedad y descargue precipitaciones más intensas en periodos cortos.
Sao Paulo bajo presión climática y urbana
La combinación de sequía estructural e inundaciones repentinas crea un estrés operativo complejo para la ciudad. Aunque llueve con intensidad, gran parte del agua no llega a los embalses debido a la distancia geográfica y a la impermeabilización urbana.
En 2014, la sequía obligó a aplicar restricciones durante casi 600 días, afectando a millones de residentes y generando pérdidas estimadas en 5 mil millones de dólares. Hoy, el sistema metropolitano integrado opera alrededor de 43% de su capacidad, lo que mantiene la alerta activa.
La empresa de agua Sabesp, privatizada en 2024, impulsa inversiones cercanas a 1,000 millones de dólares en modernización de equipos y reducción de fugas. Además, implementa medidores inteligentes para monitorear consumo en tiempo real y acelerar detección de pérdidas.
Infraestructura, desigualdad y gestión del riesgo
Las autoridades estatales lanzaron campañas públicas para reducir consumo y reparar fugas domésticas. También se anunció la instalación gratuita de tanques en hogares de bajos ingresos que carecen de almacenamiento adecuado.
Sin embargo, en barrios periféricos y zonas elevadas el suministro nocturno presenta cortes frecuentes. Cuando las lluvias intensas llegan, las superficies pavimentadas incrementan el riesgo de inundaciones rápidas y desbordamientos.
El sistema Cantareira podría enfrentar restricciones adicionales si la temporada seca se prolonga. Expertos en monitoreo ambiental advierten que operar el sistema bajo escenarios conservadores reduce la probabilidad de repetir la crisis histórica que marcó a la ciudad hace una década.