Un informe reciente advierte que en Argentina la edad promedio del parque automotor alcanza los 14,3 años, con seis de cada diez vehículos superando la década de antigüedad. Este dato explica en gran parte por qué las primas de seguros se han encarecido de manera sostenida en los últimos años.
Los automóviles más viejos presentan sistemas de seguridad obsoletos, fallas mecánicas frecuentes y mayores posibilidades de siniestros graves. Las compañías de seguros, ante esa realidad, ajustan sus pólizas para cubrir reparaciones prolongadas, costos de repuestos escasos y litigios derivados de accidentes. La consecuencia es un mercado más oneroso para los usuarios y más complejo para las aseguradoras.
Renovar para abaratar costos
El debate sobre un programa de recambio vehicular cobra fuerza en distintos sectores. La sustitución de unidades con más de diez años permitiría reducir la siniestralidad, mejorar la eficiencia energética y dinamizar la producción local. Para el sector asegurador, significaría un alivio en la frecuencia de reclamos y una reducción en los pagos por daños totales.
Factores que frenan el recambio
El alto costo del crédito, la presión fiscal y la proliferación del mercado informal de usados dificultan la renovación. Sin incentivos claros, los usuarios prolongan la vida útil de sus autos, incluso cuando los gastos de mantenimiento superan el ahorro aparente de evitar un vehículo nuevo. Esta inercia genera un círculo vicioso que impacta tanto en la seguridad vial como en la estabilidad del negocio asegurador.
Mientras el parque envejece, los datos oficiales muestran que la tasa de vehículos sin seguro ronda el 30 por ciento, lo que multiplica la exposición a pérdidas millonarias en el sector y añade presión a quienes sí cumplen con su cobertura.
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