Cuando un gasto esencial se convierte en privilegio, el mercado responde con velocidad. Así ha ocurrido con la atención médica privada en México, donde las aseguradoras de salud encuentran un terreno fértil en el que la necesidad supera con creces a la oferta pública. Este fenómeno no solo revela un reto estructural, sino también un negocio en plena consolidación.
Actualmente, 52% de los mexicanos destinan su bolsillo al gasto en salud, según cifras de la OCDE. Esta dinámica no es consecuencia directa de la preferencia por lo privado, sino del deterioro en los servicios públicos. A pesar de los esfuerzos por universalizar la atención, el sistema público ha perdido 50 millones de usuarios en una década. El vacío ha sido ocupado, en parte, por seguros de gastos médicos que, aunque no masivos, han tenido un crecimiento relevante.
El costo de salud impulsa el mercado asegurador
El entorno es propicio. Datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros indican que el ramo de gastos médicos mayores ha mantenido tasas de crecimiento anual superiores al 10% desde 2020, impulsado por el aumento en consultas privadas, tratamientos y hospitalizaciones. Además, el gasto promedio mensual en servicios de salud por hogar con seguro privado ronda los 4,800 pesos, lo que confirma su papel como vía de escape ante un sistema público colapsado.
Por otro lado, la digitalización del sector y la adopción de seguros flexibles o “on demand” están abriendo nuevas posibilidades, especialmente entre generaciones jóvenes que valoran la inmediatez y personalización. Esto permite que las aseguradoras amplíen su cartera hacia segmentos históricamente desatendidos.
En paralelo, el rezago en infraestructura pública crea una brecha cada vez más difícil de cerrar. En 2025, la Secretaría de Salud reportó que el tiempo promedio de espera para una cirugía no urgente supera los 120 días.
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