Seguros cibernéticos y riesgo digital global
Los seguros cibernéticos registran uno de los crecimientos más acelerados del mercado asegurador global, aunque ese avance convive con presiones de capacidad, brechas de credibilidad y un riesgo sistémico que aún desafía a las aseguradoras.
Ejecutivos del sector coinciden en que esta línea dejó de ser un producto nicho para convertirse en una cobertura estratégica a nivel corporativo. El mercado global ya genera entre 15,000 y 18,000 millones de dólares en primas emitidas, con Estados Unidos concentrando cerca del 60% del total.
El ingreso de nuevas capacidades ha comenzado a suavizar tarifas, sin frenar el crecimiento. Aun con ajustes a la baja, la demanda se mantiene sólida, impulsada por la digitalización y el aumento sostenido de incidentes cibernéticos.
Sin embargo, esta abundancia de capital obliga a las aseguradoras a diferenciarse más allá del precio. La presión competitiva eleva el riesgo de modelos poco sostenibles si no se acompaña de disciplina técnica y control de exposición.
El mayor potencial de crecimiento se concentra en el segmento de pequeñas y medianas empresas. A diferencia de las grandes corporaciones, que ya reconocen su exposición digital, muchas pymes siguen sin contratar cobertura por costos, complejidad o desconocimiento.
Este rezago contrasta con la magnitud del problema. Estimaciones del sector apuntan a que el cibercrimen podría costar más de 10 billones de dólares a la economía global en el corto plazo, ampliando la brecha entre riesgo real y protección efectiva.
Ante la volatilidad de siniestros, los seguros cibernéticos están redefiniendo su propuesta de valor. La cobertura ya no se centra solo en responder después del ataque, sino en prevenirlo.
Algunas aseguradoras han abandonado los cuestionarios extensos y los modelos históricos para adoptar análisis en tiempo real del entorno digital del asegurado. Este enfoque permite identificar vulnerabilidades activas y reducir la probabilidad de eventos futuros mediante correcciones inmediatas.
El mayor desafío sigue siendo el riesgo sistémico. Un solo evento cibernético, originado en un proveedor o plataforma compartida, puede impactar simultáneamente a cientos de asegurados.
La industria aún no estandariza cómo modelar este tipo de exposición. Las diferencias entre aseguradoras generan primas dispares y coberturas inconsistentes, lo que añade complejidad para los compradores y eleva la incertidumbre del sistema en su conjunto.
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