La exposición de las industrias financieras y de seguros a riesgos cibernéticos se amplía con rapidez. Aon estima que la brecha de protección global frente a desastres naturales y ataques digitales requiere más de un billón de dólares en capital adicional durante la próxima década.
El dato revela la magnitud de un desafío que rebasa las estructuras tradicionales de aseguramiento y que obliga a replantear estrategias para proteger activos en un entorno cada vez más digitalizado.
Capital alternativo como respuesta
La presión sobre las aseguradoras impulsa la búsqueda de nuevas fuentes de financiamiento. Bonos catastróficos, fondos de cobertura e inversionistas institucionales ya empiezan a cubrir espacios que el mercado convencional no alcanza.
Ejemplos recientes, como la asociación de AIG con Blackstone por 715 millones de dólares, muestran cómo el capital alternativo puede complementar la capacidad existente y transferir riesgos atípicos a actores dispuestos a diversificar.
Riesgos mal comprendidos
A pesar de que los ciberataques aumentan en frecuencia y costo, aún existe resistencia entre inversionistas que perciben una falta de claridad en los modelos de riesgo.
Para revertir esa percepción, el sector necesita mejorar la transparencia de los datos, establecer métricas comparables y generar escenarios prospectivos que traduzcan amenazas abstractas en posibles impactos financieros. Esta tarea resulta esencial para atraer capital fresco y consolidar confianza en el mercado.
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Implicaciones estratégicas
La gestión cibernética dejó de ser un tema exclusivo de seguridad informática y se convirtió en un eje central de resiliencia corporativa. Las instituciones financieras y aseguradoras que actúen con anticipación no solo reducirán pérdidas potenciales, sino que podrán diferenciarse mediante productos innovadores y una oferta más robusta para clientes y socios.
El último informe de Aon confirma que los incidentes cibernéticos representan ya el 20 por ciento de las pérdidas aseguradas a nivel global, lo que convierte a este riesgo en el principal frente de vulnerabilidad para la industria.